Cuando hablamos de contraste en fotografía es común referirse a la diferencia entre los tonos oscuros y claros que presenta una escena. Pero el concepto de contraste es mucho más amplio, y es frecuente buscar otros contrastes como enfocar una determinada zona y desenfocar otras o, por ejemplo, incluir colores complementarios para reforzar la composición.
En la siguiente fotografía de paisaje, recientemente añadida al porfolio de la web, muestra un conjunto de rocas en una zona intermareal, con dos tipos de contraste que refuerzan la composición de manera complementaria:
Contraste espacial: la distribución asimétrica de las rocas concentradas a la derecha y un vacío en la izquierda crea dinamismo. Para evitar un desequilibrio visual, la roca sumergida en el primer plano (inferior izquierda) actúa como contrapeso, anclando la mirada.
Contraste de texturas: la roca central destaca por su vegetación seca y bien definida, mientras que las demás rocas muestran texturas difusas debido al movimiento del agua durante la toma de la fotografía, usando filtros para permitir mayor tiempo de exposición. Esta oposición entre nitidez y suavidad dirige la atención hacia el ella y por eso se coloca en el centro de la imagen. Al presentar una mayor superficie de vegetación sin agua podemos comparar la definición de la textura superficial de la vegetación frente al resto de las rocas que tienen mayor superficie de texturas difusas al estar más tiempo, durante de la exposición de la toma, bajo la acción de la marea.
Este ejemplo muestra cómo combinar contrastes espaciales y de texturas puede transformar una escena aparentemente simple en una imagen equilibrada y con profundidad visual.

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